
Desde que escribí el post
The Case for Magdalene, me quedé pensando que cada uno de estos símbolos de lo divino (Dios, María La Magdalena, María La Madre de Jesus) representa una serie de posibilidades/metáforas que se convierten en puente hacia El Gran Todo, Lo Infinito, Nosotras/os Mismas/os.
Quiero documentar mejor mi necesidad por María La Madre. Ya lo hice un poco en mi ensayo "Mi Magdalena" pero siento que hay detallitos/episodios en ese ensayo que tengo que expandir.
Esta es una lista más o menos cronológica para recordarme:
* Mi encuentro lloroso con Yemayá a mitad de los noventa, en el mar nocturno de Leblon, Rio de Janeiro, durante despedida de año
* Mi buscar a la Caridad del Cobre/Chola Wengue entre fiestas de palo nuyorquinas y la Hermita de La Caridad en Miami
* Mi seguir buscándola, bajo el nombre de Anaísa, en La Chorra de Central Park y otros ríos de la ciudad
* Mi creciente pasión por La María detrás de La María de Las Fiestas de Cruz nuyorquinas
* El altar de La Altagracia en las afueras del pueblo donde mi familia vivió 15 años en RD: San José de Ocoa. El mismo lugar donde mi hermano y yo vimos el cielo más estrellado de nuestras vidas.
* Mi encuentro con la Virgen de Regla en Baní, al son de decenas de doñas tocadoras y cantadoras de salves
* Acompañé a Alejandro en enero 09 a tocarle a La Altagracia en Queens. Estuvo bonito... me intrigó/espantó la mezcla de nacionalismo y religión, por eso de La Altagracia ser una de las santas patronas de la República Dominicana.
* El Día de La Providencia en noviembre 09, con Tanya, en la Iglesia Santo Rosario de East Harlem. De nuevo, me intrigó/espantó la mezcla de nacionalismo y religión. Me conmovió la sencillez y profundidad de esa celebración semi-patriótica: al altar desfilaron gente cargando el mapa de PR, frutas de PR, maracas, güiro... para ser bendecidos por el padre. Todo me resultó tan problemático y tierno a la vez. Ay, ay, ay... Pero lo mejor, indudablemente, fue el sermón que dió el diácono, un puertorro muy pintoresco con erres campestres y jocosas habilidades histriónicas. Lo que más me llamó la atención de su mensaje fue su exhortación a que los católicos se sientan afortunados por la religión que siguen: según él, "nuestros hermanos" de otras religiones (léase, protestantes)"rechazan" a María. "Nosotros" tenemos más razones de regocijarnos ya que no sólo veneramos y celebramos a Jesús (como los protestantes), sino también a todos sus amigos y a María. Y además los católicos nos podemos dar nuestro vinito, nuestro pitorro, así como Jesús en las bodas de Canaan...
Me he quedado enganchada de eso de que los católicos tienen en María la Madre una razón más, además de Jesús, por la cual regocijarse. Me recuerda lo que yo he encontrado y aun necesito en ese imagen femenina de lo divino que los católicos identifican como María.